A veces, muchas veces soñaba, soñaba con tener una familia, una familia propia, mía, diferente a la que tenía. Desde que tengo uso de razón, fui, he sido un soñador “iluso” y poco a poco esas ilusiones y sueños se han convertido en realidad y a veces, muchas veces, la realidad ha superado a mis ilusiones.
Hoy tengo mucho más de lo que merezco: tengo vida, trabajo, la mejor compañera, dos perros, un padre y dos hijas, pero ¡qué hijas!
Mis hijas son como las hijas de todo el mundo: mujeres, modernas, mexicanas con ojos grandes y ambiciones pequeñas. Lo único que las hace diferentes es que son mías, mías y de mi mujer, son únicas e individuales, diferentes, ni mejores ni peores, simplemente, otras, particulares, en fin son ellas, dos iguales y distintas, tan dos y tan una, que a veces me pregunto ¿serán mías? O Dios me las regaló?
La madre o sea la progenitora de mis hijas es historia a parte, es una mujer, por supuesto que es una mujer, pero no es una mujer del montón, ella, mi “Muca” se cuece aparte, tiene principios que parecen finales y su final, no tiene fin. Se la jugó conmigo y al parecer su arrepentimiento es tímido y callado, espero que no haya aparecido: 24 años no es nada, es poco o mucho, es relativo, depende del punto de comparación y como ella, la única, no me puede comparar con nadie, pues no ha conocido a nadie…es la vida ,nuestra vida, la pequeña vida, la gran vida.