Al hablar de Autonomía Universitaria, es necesario citar alguna definición:
“La autonomía universitaria puede ser definida como la facultad que poseen las universidades para gobernarse –darse sus propias normas dentro del marco de su Ley Orgánica y designar a sus autoridades–, para determinar sus planes y programas de estudio dentro de los principios de libertad de cátedra e investigación, y para administrar libremente su patrimonio”. 1
Mientras estudiaba en la Universidad Nacional Autónoma de México sucedieron varios hechos que me hacían cuestionar en qué consistía la Autonomía de la Universidad y realmente cómo operaba en términos de seguridad principalmente para los estudiantes. El primero fue cuando a los tres días de haber ingresado al primer semestre en el turno nocturno, un grupo de estudiantes “saloneaban” pidiendo apoyo económico para reforzar la seguridad pues se habían reportado ya algunas violaciones a estudiantes en los estacionamientos que se encontraban poco alumbrados y vigilados; mi primer pensamiento fue de incredulidad y obviamente de miedo, pues tenía que cruzar el estacionamiento caminando para llegar a la parada de camiones justo a las 10 de la noche cuando terminaba la última clase. Para los que venían de las prepas de la UNAM o el CCH no fue un hecho que representara algo fuera de lo común pero para los que habíamos estudiado en preparatorias particulares, era algo nuevo que no lográbamos entender.
Unos semestres adelante, nos encontramos con el segundo hecho, un día al llegar a clases normales había en el piso, antes de subir a los edificios que correspondían a las carreras de Derecho y Periodismo, una camiseta con sangre ya seca, horas después supimos que estudiantes que pertenecían a los llamados “porros” habían ido por un grupo de asaltantes recurrentes de la ruta de camiones que operaba en la zona del toreo-naucalpan para llevarlos a la ENEP Acatlán a darles su “merecido”, golpeándolos fuertemente. Los rumores decían que le habían causado la muerte a uno de ellos pero al final nadie supo con exactitud lo que sucedió y a donde los habían trasladado después de la golpiza en las instalaciones de la Universidad.
El tercer hecho y de más trascendencia para los que estudiábamos en ese momento en la UNAM, fue la Huelga estallada el 20 de abril de 1999. Semanas antes, grupos de estudiantes comenzaron a realizar meetings en las explanadas principales de los diferentes campus de la Universidad donde convocaban a la comunidad universitaria a unirse a los reclamos por la Reforma al Reglamento General de Pagos propuesta por el actual Rector en ese momento Francisco Barnés de Castro, que principalmente consistía en establecer una cuota de carácter voluntario semestral como apoyo a la Universidad. La mayoría no estábamos a favor porque como todos sabemos los recursos de la Universidad provienen de los impuestos de todos los mexicanos que trabajamos y no eran necesarios mayores recursos si se administraban correctamente desde las cabezas a cargo de la educación pública en México, pero por otro lado, también pensábamos que si algunos podían aportar algo extra a la Universidad pues también era válido y libre que cada quien lo hiciera. En fin, para los pocos que estaban a cargo del movimiento, NADA importaba, sus acciones provenían más del hígado que del cerebro, comenzaron a bloquear los edificios y los salones para que no pudiéramos tomar clases de manera radical, agresiva y poco congruente. En una ocasión, decidí quedarme con ellos a una de las asambleas para tratar de entender sus razones y después de 4 ó 5 horas escuchándolos, no pude lograr sentir empatía por ningún argumento pues estaban en contra de todo y de nada, uno de sus puntos era que jamás trabajarían para ninguna institución privada porque el Capitalismo nos consumía y ellos no iban a ser parte de eso que acabaría con el mundo…todo me sonaba a pretexto puro para detonar complejos más personales que valores universitarios. Supuestamente era un grupo de estudiantes que veían por la UNIVERSIDAD y desafortunadamente no lo demostraron ni con la Universidad operando normalmente ni con la Universidad tomada por ellos mismos.
Mi posición puede sonar también un tanto radical pero para los que estábamos en la UNAM con la única intención de aprender, terminar una carrera universitaria, trabajar y salir adelante, 10 meses representaron una gran pérdida, el ánimo caía mes a mes cuando veíamos que unos cuantos nos estaban negando el derecho a la educación PÚBLICA y no cedían ante ninguno de los puntos de su pliego petitorio y las autoridades no lograban sacar a ese grupo de gente que ya no sólo integraba a estudiantes de la UNAM sino de otras Instituciones privadas y fuerzas políticas.
Se que es un tema delicado y que necesita un análisis mucho más profundo que ésto, pero al ver el daño causado a nuestra querida UNIVERSIDAD aquel febrero de 2000 cuando la PFP decide entrar y terminar este conflicto con la detención de estudiantes, no podía concebir el estado en el que se encontraba por lo menos mi CAMPUS…todo estaba destruído, las bancas, los jardines, los baños y principalmente la tranquilidad, integridad y el nombre de la UNAM. Un conflicto que por intereses políticos manipulados a través de “estudiantes” tuvo que terminar con la intervención de la fuerza pública, pudiendo haber llegado a un acuerdo con la palabra, el diálogo, la inteligencia y el respeto al verdadero significado de la Universidad.
Me declaro en contra de utilizar la Autonomía como un escudo para que la gente haga con toda libertad lo que quiera sin límites de valores personales, sociales, académicos y cívicos. Hoy 13 años después vemos nuevamente situaciones violentas en Instituciones Públicas como el CCH y no es posible que las autoridades universitarias no estén capacitadas para resolverlas con reacciones firmes que defiendan el valor y la importancia de un centro de estudios a nivel internacional como la UNAM.
"Por mi raza, hablará el espíritu"
1 Diccionario Jurídico Mexicano, tomo I, México, Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Jurídicas, Editorial Porrúa, 1996, pp. 282-283.